UNA HISTORIA IMPACTANTE
En una cena familiar, mientras
compartíamos anécdotas, mi papá destacó con una historia que nos dejó
sorprendido a todos. Permíteme contártela.
Una tarde cochabambina del año 1993,
Pastor Rojas un agricultor de estatura mediana, bigote poblado y prominente
barriga, vestido con su característico sombrero valluno de color negro, camisa
de tonos claros, pantalón de vestir y zapatos cafés, paseaba por la waka playa
de Quillacollo.
En su recorrido uno de los
vendedores le ofreció un pequeño tejón de pelaje café claro con mechas negras
en la espalda. Pastor lo compró. Lo llevó a casa y se lo regaló a su hijo
Rolando (Mi padre).
Rolando un adolescente de 16 años,
alto y atlético. Todas las tardes manejaba su bicicleta de Sacaba a Curbamba
para trabajar y algunas noches para jugar futsal. Recibió el tejón con mucho
cariño.
COMPAÑERO DE AVENTURAS
Todos en casa lo querían y cuidaban.
A veces Tejo causaba estragos en la cocina y como castigo mi abuela lo amarraba
en el jardín por un día o menos.
Mientras Rolando pedaleaba en su
bicicleta, Tejo lo acompañaba, colgado en su cuello. Cuando tenía partidos, con
pasos pequeños y ágiles, Tejo seguía a mi padre hasta la cancha. Este animalito
se convirtió en su compañero de aventuras.
GRITOS
Una noche fria de junio, cuando mi
padre y Tejo retornaban a su casa en bicicleta tras un casando partido de futsal,
fueron sorprendidos por unos niños que salían de su casa entre risas y gritos.
Tejo se asustó. La bicicleta frenó. Un grito de desesperación se escuchó en la
oscuridad de la calle, las garras de Tejo se clavaron en la cabeza de mi padre,
creando varios surcos que sangraban abundantemente. Su rostro estaba muy
ensangrentado.
Los niños escaparon asustados, y en
esa calle solitaria no hubo nadie que ayude a mi padre, después de casi un
minuto mi padre agarró la cola de Tejo jalo con fuerza, lo quitó de su cabeza y
lo mantuvo entre sus piernas, hasta que logró calmarlo.
LA AMENAZA
Cuando Tejo se calmó un poco, mi padre montó su bicicleta. Para evitar que tejo se moviera agarro su cola y la apretó contra el manubrio. Todo el camino a casa pedaleo lentamente mientras Tejo se aferraba a su brazo.
En su casa, mis abuelos asustados
por lo que veían pensaron lo peor, imaginaron que mi padre había sido
atropellado. Pero al saber el motivo del incidente mi abuelo furioso dio un
golpe fuerte en la mesa y amenazó con matar a Tejo. Esa noche lo amarró en la
esquina del jardín al fondo de la casa.
Mi padre rogó para que no
sacrifiquen a su amigo, pero sus padres no dieron respuesta a sus suplicas.
Cansado por todo lo sucedido se lavó la cabeza y se alisto para descansar.
LA CENA
Después de tres días, cuando mi
padre llegó del colegio, mi abuela sirvió a su familia un plato de chicharrón.
Al notar la ausencia de Tejo, mi padre señalando el plato de la mesa preguntó:
“¿Este es Tejo?” Su madre asintió con la cabeza. Mi abuelo cumplió su amenaza.
Mi padre consternado por el hecho se rehusó a comer, pero después de unas horas
se vio obligado a hacerlo.
Cuando mi padre nos contó ese final,
todos quedamos pasmados. El silencio permaneció por unos segundos hasta que mi
sobrino golpeó la mesa con fuerza. Rompió el silencio y desencadenó risas.
Aunque la narración de anécdotas continuó, en mi mente solo estaba la historia
de mi padre.










